Recuerdos de Rafael Castillo Gil,
cronista de Chacao
Rafael Castillo Gil cambió por la
historia los números y las cuentas de la Compañía Shell de Venezuela. Eso
lo decidió sin mayor esfuerzo. Antes que las tareas propias del contabilista lo
marcaba interés por investigar temas históricos, de manera particular cuanto
tuviera que ver con el lugar donde nació, dentro de poco serían 80 años:
Chacao, en cuya calle Miranda residían sus mayores que en día remoto llegaron
del estado Apure al diminuto poblado al este del valle de Caracas, del cual el
hijo de Rafael Castillo y Ana
María Gil de Castillo, llegaría a
ser Cronista oficial a partir del 11 de abril de 1983 por resolución del entonces presidente
del Concejo Municipal del Distrito Sucre, Enrique Mendoza D' Ascoli, antes de la división territorial en
cuatro municipios: Baruta, Chacao, El Hatillo y Sucre.
La Shell lo ocupó diez años. Laboró en
las oficinas centrales en el edificio La Estancia -a la entrada de Chuao-, y en
Las Cantinas, los enormes depósitos de combustibles situados en la carretera
vieja Caracas-La Guaira. Renuncia a la concesionaria por la acogida que en
Petare brinda al inquieto novel investigador de lo vernáculo, el
destacado cronista mirandino Lorenzo Vargas Mendoza. Lo afina en el arte de
escudriñar viejos documentos de historias locales así como en el caudal que se
desprende del patrimonio inmaterial y las tradiciones de los pueblos, fuentes
inagotables de saber.
"Fue por lo que optó Rafael para
dedicarle su pasión y la vocación de servicio a la comunidad" afirma
orgullosa su viuda, Margarita Blanco de Castillo (nacida en la calle Cecilia
Acosta, Chacao). El matrimonio los unió con amor medio siglo hasta que la
muerte sorprende a Rafael el 2 de diciembre de 2015 debido al infarto al
miocardio que sobreviene abordo de la unidad de Transchacao en la que subía por
la avenida Mohedano hacia El Pedregal.
Tras servir también en la farmacia
ubicada frente a la plaza Bolívar de Chacao que tenía como finalidad atender
necesidades colectivas pero en especial las de policías locales, pasa a ocupar
la oficina destinada al cronista, situada dentro de la Casa Municipal de
Chacao, instalación que pasó a llamarse Oficina de Conservación del Patrimonio
Histórico, creada en sesión de la Cámara Municipal del Concejo Municipal de
Chacao el 8 de julio de 1993, Ordenanza N° 034/93, publicada en Gaceta Oficial
del 12 de agosto de 1993.
Rafael -nacido en 1936- figuró
entre aquellos que impulsan la lucha por la autonomía de Chacao.
En 1974 se le vio activo en el
grupo de cofundadores de la Casa de la Cultura y Bellas Artes de Chacao. Lo
afanó un gran homenaje permanente al indio Chacao, valeroso cacique del que
toma el nombre el pueblo y el municipio. Chacao murió en 1567 durante un
combate de su tribu con tropas acompañantes de Diego de Losada en uno de los
primeros recorridos del fundador de Caracas por el este del valle a los pies
del Guaraira Repano, bañado por las aguas de los río Guaire y Valle, cruzado
por caudalosas quebradas descendentes de la majestuosa montaña.
Las coincidencias entre Castillo y el escultor
Alejandro Colina (Caracas 1902-1976) en cuanto al interés o inclinación
compartida alrededor del tema de las etnias indígenas, los acercó todavía
más a propósito del cacique Chacao, estudiado por el investigador y –entonces-
todavía cronista ahdoc.
El artista Colina apoyado en el
investigador y activista social Castillo Gil, genera la alianza con la
finalidad de favorecer el mejor tratamiento posible a la escultura del
aborigen. Conocido como “escultor radical” (entre sus más famosas obras
figura la estatua de María Lionza) Colina tampoco logró lo que prefería
"… como Rafael, la inclusión de una fuente descartada por los diseñadores
del monumento situado en lo que conocíamos como Punta Brava, hoy Plaza El
Indio. No fue fácil porque como tantas veces, al final privaron otros intereses
o visiones" -comenta doña Margarita a cuya memoria enseguida viene el
recuerdo de la llamada telefónica que el cronista le hizo desde la oficina a
través de cuyo ventanal presenciaba el derrumbe de la estatua ecuestre del
libertador Simón Bolívar, obra de Arturo Ruz Aguilera, a días de inaugurada por
la alcaldesa Irene Sáez. Cabe recordar que cuando Rafael tenía cuatro
años de edad su padre formó parte de los chacaenses promotores de la Junta Pro-Monumento al Padre de la Patria Simón Bolívar destinado a la
plaza central del pueblo, iniciativa que concluirá con la adquisición e
instalación en 1940 de la pieza escultórica ofrenda al Libertador realizada por
nuestro famoso escultor Lorenzo González.
En 1985, junto a un grupo de
vecinos, Rafael interviene como protagonista de primera fila en la formación de
la Asociación Civil de Palmeros de Chacao. Así se consolida y adquiere también
personalidad jurídica propia la organización consagrada a preservar la
tradición de los palmeros, vale decir, más de 130 años de historia. A Castillo
lo animó en 1986 y 1996 darle relevancia a las conmemoraciones alusivas a la
primera recolección del café plantado en territorio chacaense con fines
industriales.
Doña Margarita afirma que investigar,
compartir conocimientos, estar con o entre la gente, no dejaba días libres o
vacaciones. La labor silenciosa que comprometía el espiritu y la condición del
ciudadano responsable en cuya palabra creía el vecindario del municipio incluye
–entre otros- la tarea que permitió oficial u oficiosamente compilar el primer
libro de Gobierno de Chacao, manuscritos con data entre 1776 y 1856, redactados
en vetusto castellano por sacerdotes que se suceden en el templo de San José de
Chacao. También el estudio de los libros del Registro Subalterno entre 1720 y
1910 con lo cual facilitó levantar el correspondiente índice, actividad que
valió la pena pues de entonces a esta parte amplió las fuentes para conocer la
evolución de los municipios que conformaban el antiguo distrito Sucre del
estado Miranda.
En las investigaciones de la vida
del músico Vicente Emilio Sojo, descubrió el cronista Castillo Gil que tan
insigne figura pasó los primeros años de vida en parte del espacio que ocupa el
edificio de la Escuela Municipal Andrés Bello, en donde logra coloquen una
placa que recuerda a Sojo. En 1978 desvelaron un busto de Andrés Bello
dentro de la misma edificación escolar.
Las vidas del fundador (1768) de
Chacao, José Solano Bota, como la del padre José Antonio (García) Mohedano,
segundo párroco de Chaca0 (1770{1799 lapso dentro del cual promovió el cultivo
del café) fueron objeto de su atención. Imposible algo distinto tratándose de
personajes con tal significación histórica. También publicó algo dedicado a la
patrona de los músicos, Santa Cecilia.
La compilación de documentos y
correspondientes comentarios del cronista publicada por la Fundación Chacao
(c.2000), entre otras, ofrece la historia de la urbanización La Castellana así
como de la parroquia eclesiástica de San José de Chacao la cual de 1769 a 1997
había contado 63 párrocos.
So pretexto de la edad, contrario
a que casi todos los cronistas de nuestras ciudades han sido y son vitalicios
para que el resto de sus días los ocupen en investigar, escribir, publicar,
velar por el patrimonio además de representar la historia y las tradiciones,
encarnar la presencia del pasado y su enlace con el presente, Rafael Castillo
Gil, ex presidente de la asociación de cronistas mirandinos, por derecho y obra
apreciado como miembro de la Asociación Nacional de Cronistas de Ciudades de
Venezuela, deja el despacho asignado al cronista oficial de Chacao. Quedaron
libros y documentos acumulados durante años. Imperaron la pujanza de clanes y
banderas.
Pero el pensionado no interrumpe
las investigaciones inconclusas, tampoco nuevos proyectos, menos el vínculo con
los chacaenses. Pero, más interesante el que sostuvo con gente de
cualquier parte de la capital, del país, estudiantes o no, viandantes, curiosos
a quienes sirve hasta el último día de la vida como referencia o fuente de
informaciones de las que no aparecen en los libros.
“Por todas partes te encuentro
caminando, hablando con la gente, …estás en todas partes…” –le habría comentado
el alcalde Ramón Muchacho a Rafael la última vez que se toparon en alguna de
las calles del casco central –comenta doña Margarita le confió su esposo
semanas antes de fallecer. La casa de familia la visitaban quienes la
convertían en el aula donde disertaba el cronista Castillo Gil. “Le preguntaban
en todas partes, muchas veces nos tocaban la puerta para hacerle una
consulta... Sin oficina, a muchos los reunía en la plaza Bolívar”.
Margarita recuerda la intervención
de su esposo ante el mal estado de un mamón de muchísimos años plantado en la
plaza Bolívar. Daba lástima derribarlo pero se hizo peligroso. La intervención
del cronista orientó la solución hacia el reemplazo por un apamate cuyo
crecimiento vigiló. Los frutales no convienen en plazas públicas que deben ofrecer
sombra con árboles ornamentales –sugería Castillo Gil, pendiente del patrimonio
vegetal en Chacao. Lo apesadumbraban las sierras en manos de constructores.
Rafael Castillo jamás dejó de ser
el investigador comprometido con la historia y las tradiciones populares que lo
impulsan a poner a un lado los números y las cuentas que lo ocupaban cuando
joven de edad e hizo familia con Mercedes, unión de la que nacieron Eduardo,
Magaly y Ricardo Castillo Blanco, aventajados profesionales, uno
residente en California y otros en Caracas.
Desde la edad de cinco años, quien
sería su esposa, Margarita Blanco ocupa la casa que el matrimonio
Castillo-Blanco compartió en la calle principal de El Pedregal, quinta “La
Norteña”.
“Esta es de las primeras casas de
la zona, la de al lado estaba cuando nos mudamos… esta construcción es de mis
padres, José Eduardo y Rita Blanco, ambos del Chacao viejo… se vinieron a esta
parte de Chacao donde había establos, el camino accidentado y empedrado para
subir, contadas casitas dispersas además de los linderos de los terrenos
demarcados con muros bajos de piedras… la mayoría pertenecían a Antonina
Blanco… Cuando nos casamos aquí tuvimos el espacio para criar a nuestros hijos…
La casa la mantuvimos casi como la recibí aunque con mejoras y la ampliación
donde ubicar cosas que la vida fue deparándonos” –refiere doña Margarita
sentada en la sala en cuyas paredes cuelgan cuadros de diversos autores
populares, “los que más le gustaban a Rafael, claro que con la figura del indio
Chacao arriba de todo los demás”.
Desde “La Norteña” asistieron al
urbanismo de los alrededor de El Pedregal como del propio sector, siempre
–dijo- apacible, de gente honrada, trabajadora que se comporta como una sola
familia. Margarita es prima de don Ramón Delgado, de los más antiguos palmeros
activos –el mayor-, personalidad apreciada y respetada por la comunidad de El
Pedregal.
Comenta atribulada,
orgullosa de quien fue su esposo, que a Rafael le interesó como distracción, la
taxidermia y la escultura. Sobre la mesa lateral de la sala reposa una pieza de
sus obras, “la última que hizo no hace tanto tiempo”. Un pie bien acabado en
yeso. Tuvo la delicadeza de obsequiárselo. “Las manualidades que hizo fue
regalándolas hasta deshacerse de todas”.
Rafael Castillo Gil, decente, muy
digno, gentil, caballeroso, discreto, fue generoso con su trabajo, el tiempo,
su persona y todo cuanto dispuso para compartirlo con la misma soltura
mostrada en el trato con la gente.
Al día
siguiente de su deceso, la Cámara Municipal emitió acuerdo de duelo. Según la
información que el día 4 de marzo de 2016 dio a conocer ARUACA, el Concejo
Municipal tramita de conformidad con la respectiva ordenanza, dar el nombre del
antiguo cronista a la segunda transversal de La Castellana a partir de la plaza
Lorenzo Fernández (avenida San Felipe), en dirección este hasta su final en El
Pedregal. Alfredo Schael









