lunes, 4 de enero de 2016

ADIOS AL MAESTRO GIORGIO VERONA

Giorgio Verona, vecino de Chacao, en cuyo inventario cultural y humano figura registrado como parte del patrimonio oficial de nuestro municipio, se marchó sin decir adiós. Fue sorprendido por un accidente cardíaco que ahora obliga a despedirlo como merece. Con el honor del reconocimiento público pues es otro los venezolanos y chacaenses que deja obra como la que pocos pueden culminar como pudo él, gracias a sus habilidades y empeño en sólo ofrecer  excelencia.

Supo aprenderlo de su abuelo y más tarde de su padre, quien desde niño le enseña a Giorgio el arte de afinar pianos, algo en lo que se destacará el muchacho, en su momento admirado también en el mundo debido al talento con el cual sabía demostrar la maestría o tan admirable capacidad para llegar a la perfección exigida por el virtuosismo de los maestros del piano que nos visitaban o de los intérpretes venezolanos. Fue la mayor herencia o legado con que contó el afable Giorgio, en los últimos años, de los contertulios habituales en la terraza de la panadería La Majestic, en la avenida Sta. Teresita de Jesus de La Castellana,

La reportera Mirna Mendoza, del diario El Universal, años atrás, tuvo ocasión de entrevistar a Aldo Verona. En tal conversación, la periodista extrajo informaciones que le permitieron elaborar un completo retrato del personaje, su historia familiar, cómo llegó sin ser músico a la categoria de notable afinador de pianos, además del por qué en determinado momento se convirtió en hombre-noticia al punto que el periódico consideró dedicarle la crónica que reproducimos completa. 

Demás está decir que se contaba entre quienes tomaron parte en las actividades de ARUACA. Apreciábamos al vecino, al ciudadano de bien preocupado por los asuntos comunales, al artesano y artista vocacional, al amigo siempre bien dispuesto. Chacao se dio el lujo de contarlo entre quienes prefirieron este municipio para vivir y constituirse en una de sus referencias más preciadas. 

"Giorgio Verona AFINAR EL PIANO SIN SER PIANISTA 


UNO DE LOS POCOS afinadores y restauradores de pianos que hay en el país es este venezolano nacido en Padua, Italia, quien comenzó en el oficio a los ocho años de edad. 
Mirna Mendoza. El Universal. Caracas.
Caracas.- Cuando Peter Frampton vino a Venezuela, en un viaje que requirió dos aviones, uno para los equipos y el otro para el personal: músicos y técnicos, el famoso rockero se maravilló horas antes de su actuación en el Poliedro de Caracas, al escuchar, como nunca antes, el sonido armónico, tan acoplado que emanaba de su banda.
Este trabajo fue posible gracias al oído de Giorgio Verona, quien prestó su talento y conocimiento para que un famoso ingeniero de sonidos que acompañaba a Frampton, afinara con la ayuda de la tecnología, los instrumentos musicales.
De esa experiencia, entre tantas otras que refiere Giorgio Verona, afinador y restaurador de pianos, conserva fabulosos recuerdos. De hecho, en su taller ubicado en El Pedregal mantiene un afiche del guitarrista en el cual puede leerse la dedicatoria que le escribió, similar a la que exhibe otro afiche dispuesto a poca distancia en la misma pared, pero firmado por el artista Harriet Seer e impreso por la Asociación Cultural de Música Antigua.
En Venezuela pueden contarse con los dedos de las manos los profesionales dedicados a la restauración y afinación de pianos. Aunque el oficio es algo especial, tanto como para que Giorgio Verona desee cada día dejarlo, es, además, una especie de vicio por el cual se vive, se siente y se obtiene en cada uno de los teclados, las más grandes satisfacciones. Giorgio es un venezolano que nació en Italia, en Padua, como el mismo San Antonio de Padua, en un hogar cuyo privilegio siempre fue el trabajo, hacer las cosas, aprender de todo, desde cocinar, limpiar, lavar, planchar hasta solucionar desperfectos eléctricos e incluso aprender, sólo mirando, un oficio como el de afinar un piano.
En su taller, desprovisto de armonía, no obstante el trabajo que allí asumen tres técnicos en piano, bajo el maravilloso desorden que deja constancia de la dedicación por encima de las apariencias, Giorgio Verona no para de hablar cuando se le pregunta qué hace un afinador de pianos, se puede vivir de eso y cómo llegó a esto.
La preocupación y hasta el desencanto al no poder ver realizados los sueños que tiene para que esta profesión no se extinga, para eliminar las amenazas que se perfilan en contra de lo que en Europa es una tradición y uno de los más respetables oficios, explica el origen de todo el trabajo que viene desarrollando desde que cumplió los ocho años de edad, desde el mismo momento en que se conectó con el arte de la afinación y restauración, al igual que lo hizo su padre (el señor Tarcisio Verona) 'uno de los mejores del mundo dicho por los más grandes'. Al finalizar la II Guerra Mundial, en el año 1945, Tarcisio Verona decidió abandonar Italia y sin proponérselo llegó a Venezuela. El abuelo de Giorgio fue artesano, músico y organista de la catedral de San Antonio de Padua, y su hijo Tarcisio llegó a Venezuela en 1947, un año antes que Giorgio y sus hermanos se establecieran definitivamente en este país.
¿Cúantos afinadores hay en Venezuela? y responde Giorgio, no más de 25, la mayoría está en Caracas y aprendieron casi todos pasando un tiempo muy corto por aquí (en su taller en El Pedregal). Giorgio detalla que de esos, tres se formaron con él; uno de ellos es en la actualidad muy buen técnico y otros dos, que aprendieron como él de manos de sus padres, se destacan en el oficio.
Recuerda que 15 años atrás se podía vivir de esta profesión, pero hoy día, como en otras actividades, la crisis económica merma cualquier esfuerzo y con esto, el trabajo y conocimiento que pueda depositarse en este campo.
Pero para sorpresa de cualquier ciudadano común, Giorgio asombra con sus declaraciones al decir que Venezuela durante muchísimos años y hasta hace unos 15, fue uno de los países con mayor número de pianos per cápita del mundo.
Pero a pesar de que teníamos un piano por cada siete personas, desde hace 15 años se trancó el serrucho, se fue extinguiendo esa pasión que llenaba a familias y hogares por tener un piano, bien para ostentar un status, tenerlo de adorno o porque en realidad eran utilizados y usados por personas de cualquier clase, gente rica, de clase media o de escasos recursos, que por cierto Giorgio señala como los mejores pagadores para el mantenimiento de estos equipos.
'Un afinador debería vivir muy bien con 100 clientes, pero yo he tenido en mi lista 2.000 pianos por mantener...'
Giorgio Verona deplora cualquier ocupación oficial y cuando refiere las que tuvo tiempo atrás, habla de su trabajo como curador oficial en el Museo del Teclado.
Dentro de los trabajos importantes realizados en el país, destacan varias restauraciones importantes. En el Museo del Teclado un piano, como repite, que todos dicen era del padre de Mozart, señor Leopoldo Mozart, construido en 1796.
En este instrumento estuvo trabajando durante tres años, del que asegura fue adquirido por una de las grandes pianistas de Venezuela, Rosario Marciano, y del cual dice fue un piano hecho en Austria por un alemán.
Otra de las restauraciones importantes hechas es la de un Bosen Dorfer, del Museo del Teclado, 'un piano que era, como dicen, de la amante de Brahms'.
Giorgio Verona no confunde la palabras cuando se le pregunta si sabe tocar piano. Dice de inmediato que Arthur Rubinstein y Venedecto Michelangelo no aceptaban o preferían un afinador de pianos que no pudiera hacerlo. Y Giorgio dice que por respeto a los demás técnicos 'sigo esa línea. Yo no toco el piano y mi padre tampoco'.
Como cualquier chequeo
No es caro o costoso mantener un piano. Fuera del valor que tenga, si se trata por ejemplo de uno que lleve la firma Steinway & Sons, u otro fabricado sin el trabajo artesanal que este piano lleva por un espacio de un año con 200 artesanos, bien sea uno japonés o de elaboración estadounidense, no hay para Giorgio dificultades en afinarlo o restaurarlo. Lo ideal es hacer cada seis meses una afinación y cada tres años una revisión total de su maquinaria.
Con más de 50 años de edad, divorciado y con un hijo varón de 11 años, Verona tiene como lema 'todo piano es tu piano' y eso es lo que infunde a su hijo. 'Antes de cobrar facturas tienes que hacer el mejor trabajo y si no es así, preferible no hacerlo'. El mejor regalo será las gracias que te dará el cliente, después podrá pensarse en la regalía'".

 

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