ADIOS AL MAESTRO GIORGIO VERONA
Giorgio Verona, vecino de Chacao, en cuyo inventario
cultural y humano figura registrado como parte del patrimonio oficial de
nuestro municipio, se marchó sin decir adiós. Fue sorprendido por un accidente
cardíaco que ahora obliga a despedirlo como merece. Con el honor del
reconocimiento público pues es otro los venezolanos y chacaenses que deja obra
como la que pocos pueden culminar como pudo él, gracias a sus habilidades y
empeño en sólo ofrecer excelencia.
Supo aprenderlo de su abuelo y más tarde de su padre,
quien desde niño le enseña a Giorgio el arte de afinar pianos, algo en lo que
se destacará el muchacho, en su momento admirado también en el mundo debido al
talento con el cual sabía demostrar la maestría o tan admirable capacidad para
llegar a la perfección exigida por el virtuosismo de los maestros del piano que
nos visitaban o de los intérpretes venezolanos. Fue la mayor herencia o legado
con que contó el afable Giorgio, en los últimos años, de los contertulios habituales
en la terraza de la panadería La Majestic, en la avenida Sta. Teresita de Jesus
de La Castellana,
La reportera Mirna Mendoza, del diario El Universal,
años atrás, tuvo ocasión de entrevistar a Aldo Verona. En tal conversación, la
periodista extrajo informaciones que le permitieron elaborar un completo
retrato del personaje, su historia familiar, cómo llegó sin ser músico a la
categoria de notable afinador de pianos, además del por qué en determinado
momento se convirtió en hombre-noticia al punto que el periódico consideró
dedicarle la crónica que reproducimos completa.
Demás está decir que se contaba entre quienes tomaron
parte en las actividades de ARUACA. Apreciábamos al vecino, al ciudadano de
bien preocupado por los asuntos comunales, al artesano y artista vocacional, al
amigo siempre bien dispuesto. Chacao se dio el lujo de contarlo entre quienes
prefirieron este municipio para vivir y constituirse en una de sus referencias
más preciadas.
"Giorgio Verona AFINAR EL PIANO SIN SER PIANISTA
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UNO DE LOS POCOS afinadores y
restauradores de pianos que hay en el país es este venezolano nacido en Padua,
Italia, quien comenzó en el oficio a los ocho años de edad.
Mirna Mendoza. El
Universal. Caracas.
Caracas.- Cuando
Peter Frampton vino a Venezuela, en un viaje que requirió dos aviones, uno para
los equipos y el otro para el personal: músicos y técnicos, el famoso rockero
se maravilló horas antes de su actuación en el Poliedro de Caracas, al
escuchar, como nunca antes, el sonido armónico, tan acoplado que emanaba de su
banda.
Este trabajo fue posible
gracias al oído de Giorgio Verona, quien prestó su talento y conocimiento para
que un famoso ingeniero de sonidos que acompañaba a Frampton, afinara con la
ayuda de la tecnología, los instrumentos musicales.
De esa experiencia,
entre tantas otras que refiere Giorgio Verona, afinador y restaurador de
pianos, conserva fabulosos recuerdos. De hecho, en su taller ubicado en El
Pedregal mantiene un afiche del guitarrista en el cual puede leerse la dedicatoria
que le escribió, similar a la que exhibe otro afiche dispuesto a poca distancia
en la misma pared, pero firmado por el artista Harriet Seer e impreso por la
Asociación Cultural de Música Antigua.
En Venezuela pueden
contarse con los dedos de las manos los profesionales dedicados a la
restauración y afinación de pianos. Aunque el oficio es algo especial, tanto
como para que Giorgio Verona desee cada día dejarlo, es, además, una especie de
vicio por el cual se vive, se siente y se obtiene en cada uno de los teclados,
las más grandes satisfacciones. Giorgio es un venezolano que nació en Italia,
en Padua, como el mismo San Antonio de Padua, en un hogar cuyo privilegio
siempre fue el trabajo, hacer las cosas, aprender de todo, desde cocinar,
limpiar, lavar, planchar hasta solucionar desperfectos eléctricos e incluso
aprender, sólo mirando, un oficio como el de afinar un piano.
En su taller,
desprovisto de armonía, no obstante el trabajo que allí asumen tres técnicos en
piano, bajo el maravilloso desorden que deja constancia de la dedicación por
encima de las apariencias, Giorgio Verona no para de hablar cuando se le
pregunta qué hace un afinador de pianos, se puede vivir de eso y cómo llegó a
esto.
La preocupación y hasta
el desencanto al no poder ver realizados los sueños que tiene para que esta
profesión no se extinga, para eliminar las amenazas que se perfilan en contra
de lo que en Europa es una tradición y uno de los más respetables oficios,
explica el origen de todo el trabajo que viene desarrollando desde que cumplió
los ocho años de edad, desde el mismo momento en que se conectó con el arte de
la afinación y restauración, al igual que lo hizo su padre (el señor Tarcisio
Verona) 'uno de los mejores del mundo dicho por los más grandes'. Al finalizar
la II Guerra Mundial, en el año 1945, Tarcisio Verona decidió abandonar Italia
y sin proponérselo llegó a Venezuela. El abuelo de Giorgio fue artesano, músico
y organista de la catedral de San Antonio de Padua, y su hijo Tarcisio llegó a
Venezuela en 1947, un año antes que Giorgio y sus hermanos se establecieran
definitivamente en este país.
¿Cúantos afinadores hay
en Venezuela? y responde Giorgio, no más de 25, la mayoría está en Caracas y
aprendieron casi todos pasando un tiempo muy corto por aquí (en su taller en El
Pedregal). Giorgio detalla que de esos, tres se formaron con él; uno de ellos
es en la actualidad muy buen técnico y otros dos, que aprendieron como él de
manos de sus padres, se destacan en el oficio.
Recuerda que 15 años
atrás se podía vivir de esta profesión, pero hoy día, como en otras
actividades, la crisis económica merma cualquier esfuerzo y con esto, el
trabajo y conocimiento que pueda depositarse en este campo.
Pero para sorpresa de
cualquier ciudadano común, Giorgio asombra con sus declaraciones al decir que
Venezuela durante muchísimos años y hasta hace unos 15, fue uno de los países
con mayor número de pianos per cápita del mundo.
Pero a pesar de que
teníamos un piano por cada siete personas, desde hace 15 años se trancó el
serrucho, se fue extinguiendo esa pasión que llenaba a familias y hogares por
tener un piano, bien para ostentar un status, tenerlo de adorno o porque en
realidad eran utilizados y usados por personas de cualquier clase, gente rica,
de clase media o de escasos recursos, que por cierto Giorgio señala como los
mejores pagadores para el mantenimiento de estos equipos.
'Un afinador debería
vivir muy bien con 100 clientes, pero yo he tenido en mi lista 2.000 pianos por
mantener...'
Giorgio Verona deplora
cualquier ocupación oficial y cuando refiere las que tuvo tiempo atrás, habla
de su trabajo como curador oficial en el Museo del Teclado.
Dentro de los trabajos
importantes realizados en el país, destacan varias restauraciones importantes.
En el Museo del Teclado un piano, como repite, que todos dicen era del padre de
Mozart, señor Leopoldo Mozart, construido en 1796.
En este instrumento
estuvo trabajando durante tres años, del que asegura fue adquirido por una de
las grandes pianistas de Venezuela, Rosario Marciano, y del cual dice fue un
piano hecho en Austria por un alemán.
Otra de las
restauraciones importantes hechas es la de un Bosen Dorfer, del Museo del
Teclado, 'un piano que era, como dicen, de la amante de Brahms'.
Giorgio Verona no
confunde la palabras cuando se le pregunta si sabe tocar piano. Dice de
inmediato que Arthur Rubinstein y Venedecto Michelangelo no aceptaban o
preferían un afinador de pianos que no pudiera hacerlo. Y Giorgio dice que por
respeto a los demás técnicos 'sigo esa línea. Yo no toco el piano y mi padre
tampoco'.
Como cualquier chequeo
No es caro o costoso
mantener un piano. Fuera del valor que tenga, si se trata por ejemplo de uno
que lleve la firma Steinway & Sons, u otro fabricado sin el trabajo
artesanal que este piano lleva por un espacio de un año con 200 artesanos, bien
sea uno japonés o de elaboración estadounidense, no hay para Giorgio
dificultades en afinarlo o restaurarlo. Lo ideal es hacer cada seis meses una
afinación y cada tres años una revisión total de su maquinaria.
Con más de 50 años de
edad, divorciado y con un hijo varón de 11 años, Verona tiene como lema 'todo
piano es tu piano' y eso es lo que infunde a su hijo. 'Antes de cobrar facturas
tienes que hacer el mejor trabajo y si no es así, preferible no hacerlo'. El
mejor regalo será las gracias que te dará el cliente, después podrá pensarse en
la regalía'".
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